En diciembre, la tierra duerme

Silencioso y aletargado, como las mañanas de domingo, temprano antes de que la casa despierte. Así se siente el campo en invierno. Fresquito, humedad a montones, algo de lluvia, sol dorado, sombras azules y la sensación de ser uno de los pocos seres vivos despiertos (y ruidosos 🙂 ) que recorren los senderos. Recogimos palitos y piñas para las decoraciones navideñas de Valentina y Amanda, y disfrutamos un montón de una salida no programada en el calendario de esta familia. Sigue leyendo

Las aguas oscuras del río

Un año entero. Ha transcurrido en un suspiro, en silencio y profundo, como las aguas oscuras del río.  No puedo recordar apenas nada de todo este tiempo, tan finamente medido por un único acontecimiento. No es fácil lidiar con ciertos sentimientos, ni es posible ahogarlos, y en no pocas ocasiones me he recordado a una cáscara de nuez, vacía y arrugada, flotando a la deriva, pero agradecida a la corriente por verme en camino a algún sitio, aunque aún no sé muy bien adónde.  Y ha vuelto el otoño con sus vestiduras doradas, esa breve estación en la que la tierra se despide  lánguida, regalando sus dones antes de recogerse bajo la pesada capa del invierno. Descansar es necesario.

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Últimos días

Últimos alientos del otoño en las hojas de los castaños. Los alisos aún están verdes, pero el color de su hoja no muda, simplemente se seca poco a poco antes de caer. Paseamos a los largo del cauce del Mandeo en parte de la ruta SM13 con la idea de pasar un día al aire libre y escapar de la rutina. Las risas de los niños, las canciones cantadas a coro, el olor del campo, no ver más almas alrededor, el rumor del agua, observar cómo la tierra se recoge ante la proximidad del frío. No creoque haya muchas ocasiones más de salir antes del año próximo, las horas de luz se hacen demasiado cortas, el frío muerde la carne y la navidad (su preparación, entiéndase) parece dejarnos poco margen de acción.

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18/52 Los kilómetros recorridos

Esta semana nos animó el cuerpis la salida del finde. Nos llevó al concello de Carral a hacer la ruta  Costa do Égoa de la cual muchas personas me habían hablado muy bien, especialmente la zona de los molinos. Los molinos ocupan una pequeña zona del recorrido y se puede optar solamente por visitarla sin recorrer ningún kilómetro de más, ya que son el inicio y fin de este recorrido circular. Están muy bien restaurados aunque el camino descendente que lleva al salto de agua está un poco descuidado y con tiempo húmedo, intransitable.

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