El bosque nos llama

“¡Qué rabia un domingo de lluvia! Seguro que mañana hace sol, mañana que volvemos al trabajo”… Dicho y hecho, así fue.

Menos mal que hay veces en que hay que rebelarse, sacudirse las cuatro paredes que nos resguardan y aventurarse a percibir y sentir algo más primitivo que todo lo que entre ellas se ofrece.  NO siempre apetece, pero nos gusta salir a la lluvia – descartamos temporales, aguaceros y las ciclogénesis esas que tocan todos los años, eso sí. Sigue leyendo

Luz de caramelo para el lensbaby

Amarillo, naranja, rojo, rosa, salmón… sol, sombra, penumbra, azul, gris… tras varios días de lluvia, coincidieron sábado y sol. Abrimos la puerta y salimos de casa. Nos llevamos la cámara, las botas y a unos amigos, y nos olvidamos la merienda. Paseamos por el Seixo branco con los enanos y las enanas y respiramos. Vimos un atardecer de fuego y caramelo desde un lugar privilegiado y cuando estuvo oscuro y tuvimos frío, nos fuimos a Mera a reponer energías.

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En diciembre, la tierra duerme

Silencioso y aletargado, como las mañanas de domingo, temprano antes de que la casa despierte. Así se siente el campo en invierno. Fresquito, humedad a montones, algo de lluvia, sol dorado, sombras azules y la sensación de ser uno de los pocos seres vivos despiertos (y ruidosos 🙂 ) que recorren los senderos. Recogimos palitos y piñas para las decoraciones navideñas de Valentina y Amanda, y disfrutamos un montón de una salida no programada en el calendario de esta familia. Sigue leyendo

Las aguas oscuras del río

Un año entero. Ha transcurrido en un suspiro, en silencio y profundo, como las aguas oscuras del río.  No puedo recordar apenas nada de todo este tiempo, tan finamente medido por un único acontecimiento. No es fácil lidiar con ciertos sentimientos, ni es posible ahogarlos, y en no pocas ocasiones me he recordado a una cáscara de nuez, vacía y arrugada, flotando a la deriva, pero agradecida a la corriente por verme en camino a algún sitio, aunque aún no sé muy bien adónde.  Y ha vuelto el otoño con sus vestiduras doradas, esa breve estación en la que la tierra se despide  lánguida, regalando sus dones antes de recogerse bajo la pesada capa del invierno. Descansar es necesario.

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