Misión Posible

Fuimos unos suertudos que disfrutamos de un día sin lluvia, el último día más o menos apacible antes de sumergirnos en este calorazo extraño bien regado de chaparrones que nos acompaña desde entonces.

Comida, merienda ¡y casi la cena! No nos queríamos ir, no. La que llamamos la “misión imposible”, la de reunir en un mismo día a seis familias con ocupaciones muy variadas, casi se convierte en la “misión perfecta” de no ser porque nos faltaron 3 (#¡!*!grrrr…), así que dejamos el nombre en “misión posible”. Volveremos a intentarlo, que no quepa duda.

Pienso a menudo en lo extrañamente difícil que es romper la rutina cuando nos instalamos en ella. La de obligaciones y compromisos que todos adquirimos a lo largo de la semana y lo dantesco de la tarea de querer reunir a los amigos en una fecha especial, la del “porque sí”, la del “porque les echo de menos”. Quizá por ello es tan excitante y emocionante vivir algo así como un gran reencuentro, el de la “familia” que uno ha elegido.

Los niños, siempre los protagonistas. Y los mayores, al rescate del paracaidista atascado.

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Siempre llego tarde a las fotos de grupo, grrrr.. Un huevo kinder sigue gustando a los mayores 🙂 Y tras el “descansito”, ¡acción!

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Antes de la retirada, foto de grupo, incluyendo al durmiente.

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Las fotos están un poco churras, y es que Eva (evaguein) y yo decidimos intercambiar nuestras lentes: ella se quedó con mi 24-105L y yo con su 35mm.. y ¡no dimos pie con bola! Jajajaaj… qué locas.

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Las fotos del turista

Siempre que edito las fotografías de las vacaciones veraniegas me encuentro con un problema habitual. Y si bien eso atestigua un verano como tiene que ser, se vuelve irritante por repetitivo: la edición de las fotos hechas bajo el solazo estival.

Fotos cotidianas, realizadas con cierta prisa mientras se visitan lugares nuevos, en compañía de otras personas, sin tiempo para estudiar el mejor ángulo y sobre todo, sin posibilidad de utilizar un reflector!!! Son las fotos del turista, como yo las llamo.

Pero imperfectas en muchas cosas como son, el caso es que forman parte del recuerdo de las vacaciones, y mientras que no vaya de vacaciones a lugares menos soleados como Portugal… Allí el sol a las 11 de la mañana ya te chamusca las pestañas y a las 8 de la tarde te permite revivir del soponcio de la calorina… Como buena gallega, necesito índices elevados de humedad y temperaturas medias para no craquelarme 🙂

Los paisajes son siempre más agradecidos que las fotografías tomadas en zonas turísticas urbanas. En estos lugares la concurrencia de personas y coches, sobre todo, me arruinan las fotografías. A veces es posible eliminar algunos de los elementos que molestan con ayuda de un pincelillo clonador, pero la mayoría de las veces el fracaso de la fotografía está en la imposibilidad de abordarla desde el punto de vista o la perspectiva que querría. Toca aguantarse.

Esta malvada combinación de “solazo + caos” ha sido el azote de las fotografías de mis vacaciones. Sintra es precioso en julio, pero decir que es concurrido es quedarse corto 😦

Altas luces quemadas relucientes como metal bruñido, sombras impenetrables, detalles perdidos, texturas planas y hasta la mezcla de todo ello en una sola fotografía ¡Para tirarse de los pelos!. Manos, piernas, paseantes, turistas, coches, autobuses, gorros… parece que haya llevado un cartel sobre el visor de la cámara que dijese “¡Salta al encuadre, es gratis!” Sigue leyendo

West Cork está hecho para mí (iv)

Tuvimos una suerte maravillosa con el tiempo en el mes de julio, porque sabemos a aciencia cierta que el mes de agosto allí fue normalito, es decir, malo. Fue tan bueno en julio que los propios irlandeses no paraban de asombrarse cada dia que amanecia soleado y caluroso. La verdad es que nosotros tambien. La mitad del equipaje que llevamos estaba compuesto por ropa de invierno y la otra mitad con ropa de verano… y casi exclusivamente usamos la de verano. Lluvia tambien tuvimos, no me malinterpreteis, pero eso es algo con lo que hay que saber contar si uno va a Irlanda, sea la época del año que sea.
Visitamos varias playas, todas ellas de tamaño y belleza notables. Allí nos plantamos el bañador con la seguridad de quien lo hace amenudo y nos lanzamos al agua para despues dar largos paseos en arenales interminables. Delicioso. Al volver a casa la familia se sorprendió de vernos morenos, pues contaban con ver a cuatro paliduchos que vuleven de pasar un mini invierno en la isla esmeralda.

Esta fue nuestra primera playa, Tragumna, en la carretera costera de camino a Baltimore. Es una playa muy metida dentro de la linea de la costa, con una isleta en el medio de la bahía y aguas tan calentitas que hasta a Xan le apeteció bañarse!!!

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West Cork está hecho para mí (iii)

La ensenada de Carrighillihy  era chiquitita y acogedora, con una pequeña playa de guijarros grises, lo único visible en la pleamar. Allí nos quedamos un buen rato haciendo la rana con las piedras para deleite de los niños. Despues seguimos camino hacia Tranlan por la carretera hasta que desapareció ante nuestros ojos y se convirtió en una pista angosta que corría paralela a la linea de la costa y justito en el borde de la pendiente. En un momento determionado tuvimos que parar el coche y Finn hubo de recorrer unos cuantos metros por la pista para comprobar que seguia transitable y tenía un final feliz  ¡Fue muy emocionante para los cuatro!

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